Tarde, últimas compras del dia, llevo pocas cosas, solo las que puedo cargar, voy de regreso a casa. Antes balanceaba las bolsas en mis manos cantando algo, antes hacían las bolsas más resistentes, pues desde que se me rompieron y cayeron mis compras, ya no lo he vuelto a hacer. Ese día me imaginé siendo Macaulay Culkin en esa escena de "mi pobre angelito" (título raro por cierto para latinoamerica, el original "Home Alone" creo que era más adecuado, supongo que no daba gracia ni llamaba la atención en su momento estar "solo en casa"), y no es gracioso al inicio cuando te ocurre a ti, aunque es absurdo no reírse de algo así.
Ok, no llovió por hoy, no me quejo, en serio me gusta la lluvia, excepto cuando exagera y moja cada centímetro de tu ropa obligándote a esperar junto a otros a qué pase, además de hacer notar el mal trabajo del desagüe municipal y mala planeación urbana inundando la colonia.
Sigo caminando mirando mis pies, pensando y volteando a ratos a mi alrededor como para despistar por si me siguen y me detengo, alineó la mirada hacia el horizonte iluminado por los últimos rayos del sol que hacen que las nubes y el cielo se coloreen con un tono rojo pardo, un tono cálido que tranquiliza al verlo, un color único que hace olvidar por un instante cualquier pensamiento. El aire comienza a moverse para enfriarse anunciando el último suspiro del día antes del silencio nocturno que ilumina el descanso de los seres diurnos. El color se apacigua, el tiempo termina por hoy, mis piernas me avisan sobre seguir la marcha, tarde es. Pocos nos quedamos en cubierta por el giro exacto del planeta hacia la luz infinita del sol, hasta que de nuevo está roca quiera calentarse la espalda.
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